jueves , 22 febrero 2024
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Trabajadores de la Muerte

Muchos prefieren dejar de lado todo lo que tenga que ver con la muerte hasta que llegue el día inevitable. Sin embargo, algunas personas tienen que abordar de frente este asunto en su trabajo diario: Los trabajadores de la muerte.

“La muerte es un sueño profundo. Mi padre siempre me decía que no hay que tenerle miedo. El ser humano, como todo en este mundo, tiene un inicio y un final”. Esta es la filosofía con la que Jeannette Peñafiel, trabajadora de la Sociedad Funeraria Nacional, convive con su trabajo diariamente. Desde los ocho años, ha estado ligada con el oficio de la Tanatopraxia. Este proceso consiste en desinfectar, formolizar y maquillar el cuerpo de una persona fallecida para su velación y posterior entierro.

Una profesión que nació como una curiosidad 

Peñafiel, siempre tuvo mucha curiosidad sobre cómo se arreglaba a los seres queridos que se ‘iban’, curiosidad que se incrementó cuando murió su abuela. Se preguntaba: ¿serán los familiares? ¿quién hará eso? La respuesta llegó en su niñez cuando acompañaba a su padre a pagar la cuota mensual para su nicho en el cementerio Para Bien Morir, “Cuando llegábamos a la casa funeraria, siempre les hacía preguntas a las personas que trabajaban allí. ¿A dónde llevaban ese cuerpo? ¿Por qué parecía dormido? nunca tuve miedo de ver un cadáver dentro de un ataúd”.

El proceso de la Tanatopraxia 

Con su experiencia, Peñafiel lo explica de una manera muy sencilla, “Primero el cuerpo es llevado a una sala de tanatopraxia, donde hay una mesa metálica o de cerámica con su desfogue de líquidos, se lava el cuerpo, se limpia toda raspadura, úlceras o llagas que tenga el cuerpo y se hace una incisión en la yugular para posteriormente colocar el formoleido y al final se maquilla al difunto a gusto de los familiares”. Aunque siente que actualmente la Tanatopraxia es su vocación, en un inicio, Peñafiel quiso dedicarse a otra carrera, no muy alejada de lo que se encuentra realizando actualmente.

“A mi siempre me ha gustado mucho la medicina, pero desafortunadamente, la parte económica no ayudó. Sin embargo, me gradué como enfermera e hice una especialización en un instituto sobre instrumentación quirúrgica. Siempre he estado involucrada en la parte médica”.

Peñafiel afirma que sabe diferenciar su aspecto laboral de su lado sentimental, después de años de trabajo en funerarias. Pero nada la prepararía para asistir en la muerte inesperada de un miembro de su propia familia. “En mi caso personal, mi esposo falleció por un asalto, y me ha tocado estar presente en esos últimos instantes. Y no porque lo veía dentro de un féretro, si no porque me tocó asistirlo en la parte médica, estar presente en la autopsia, formolizar, suturar y preparar su cuerpo.”

La historia de Jeannette impactó mucho a Marcelo Tabango, su compañero en la Funeraria Nacional, por once años. Para él, cada nuevo día significa nuevos cuerpos que preparar y una nueva lucha interna con miedos del pasado. “Cuando comencé en mi trabajo en la Funeraria siguiendo la tradición familiar, ya que mi tío y mi hermano trabajaban antes aquí, se me hizo muy difícil, casi insoportable permanecer en la sala junto a un cadáver. Y aún ahora, una década después, me impacta cada nuevo caso. Es por ello que siento que tengo un respeto muy especial por mis ‘pacientes’, como yo los llamo”.

¿Cómo es un día en el trabajo?

Tabango tiene alrededor de seis a siete cuerpos que preparar en el día, sin embargo en días feriados la cantidad de pacientes se incrementan debido a varios factores, los que encabezan los accidentes de tránsito. “Cuando un cuerpo llega de la morgue, se le realiza un proceso completamente diferente al que se realiza en un cuerpo con muerte natural. Primero se extraen todos los órganos para luego lavarlos y colocarlos en una funda con formoleido y luego se la vuelve a introducir en el cuerpo para luego coser el pecho de la persona. Posteriormente se formoliza cada extremidad, la cabeza, y el tronco. Se lo viste y se lo maquilla

La historia de Jeannette impactó mucho a Marcelo Tabango, su compañero en la Funeraria Nacional, por once años. Para él, cada nuevo día significa nuevos cuerpos que preparar y una nueva lucha interna con miedos del pasado. “Cuando comencé en mi trabajo en la Funeraria siguiendo la tradición familiar, ya que mi tío y mi hermano trabajaban antes aquí, se me hizo muy difícil, casi insoportable permanecer en la sala junto a un cadáver. Y aún ahora, una década después, me impacta cada nuevo caso. Es por ello que siento que tengo un respeto muy especial por mis ‘pacientes’, como yo los llamo”.

Tabango tiene alrededor de seis a siete cuerpos que preparar en el día, sin embargo en días feriados la cantidad de pacientes se incrementan debido a varios factores, los que encabezan los accidentes de tránsito. “Cuando un cuerpo llega de la morgue, se le realiza un proceso completamente diferente al que se realiza en un cuerpo con muerte natural. Primero se extraen todos los órganos para luego lavarlos y colocarlos en una funda con formoleido y luego se la vuelve a introducir en el cuerpo para luego coser el pecho de la persona. Posteriormente se formoliza cada extremidad, la cabeza, y el tronco. Se lo viste y se lo maquilla”.

Testimonios de personas que trabajan con muertos

Y es que “la medicina no descarta a vivos de muertos”. Relata la médico forense del Hospital de la Policía de QuitoClivia Guerrero. Compara su experiencia en medicina,  en un principio, ejerciendo como Anestesista de la Maternidad del Sur entre los años 1995 y 2000 y por otros 14 años en medicina post mortem. “Ambos son trabajos de alto riesgo y en ambos se trabaja bajo presión. En el primero tenía la ventaja de que trabajaba con vivos; los duermo y los vuelvo a despertar. En el otro caso no puedo hacerlo porque estos ya se me durmieron para siempre”.

La Medicina Forense conocida como Medicina Legal en nuestro país es una rama de esta profesión que se ocupa de determinar las diversas causas de muerte realizando exámenes clínicos, físicos y fisiológicos de un cadáver. En cuestiones Judiciales, los Médicos Forenses ejercen como peritos en la investigación de muertes violentas y sin una resolución aparente. Guerrero encuentra en su trabajo una satisfacción completa en la ayuda que realiza a los deudos. Como una de las pocas médicos forenses que ejercen en el país, su trabajo es responder a algunas de las preguntas cruciales que rodean a un deceso. Ella analiza el tejido del cadáver, además de ello toma muestras de la “escena del crimen” para llegar a un diagnóstico de la enfermedad o la causa de la muerte.

Clivia Guerrero marca la importancia de su trabajo al investigar las circunstancias en la que se provocó el asesinato, quiere ser de ayuda en que se haga justicia por las muertes que lleguen a sus manos “Poder ayudar a los familiares para determinar que fue lo que le sucedió a la víctima. Así mismo poder ayudar a la justicia para juzgar a una persona violenta que haya cometido un delito. Y a su vez ayudar a esa gente inocente que no tiene implicación en el caso y que pueda quedar libre.”

 

Andrea Puga

Periodista apasionada con el cine, la música, la literatura, el arte, y la ciencia. En constante lucha por la igualdad y la inclusión en todas sus formas.

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